Santa María de Iranzu, 30 diciembre 2008
El mundo a través de una gota de agua
En mi incesante búsqueda de reflejos, la lluvia siempre resulta una estupenda aliada. Charcos y suelos se convierten en improvisados espejos de diferentes formas y texturas, creando imágenes peculiares que a veces desaparecen enseguida.
Aunque no solo hay que ir mirando para abajo: el agua también queda recogida en hojas y ramas, formando gotas que pueden recoger un reflejo distorsionado y cambiante de todo lo que les rodea. Según el ángulo que escojas, la imagen puede variar sustancialmente a través de esas pequeñas lentes irregulares y caprichosas.
A menudo resulta complicado encuadrar y enfocar a la vez el reflejo concreto que queremos captar (y no digamos si además hace viento), especialmente cuando aparecen en él muchos elementos. Por eso muchas veces es más razonable, y más satisfactorio, centrarse en buscar un reflejo sencillo que quede bien visible y definido.
En este caso, para poner en contexto el reflejo, opté por encuadrarlo en primer plano pero dejando que se vieran las ramas reales también, desenfocadas y elevándose al cielo. Apenas hubo que quitarle color para dejarla en blanco y negro, pero aumenté el contraste para definir las formas y centrar en ellas la atención, evitando otras distracciones.
Fue una de las primeras fotos de las que me sentí realmente orgulloso y satisfecho, y casi veinte años después de hacerla me sigue gustando mucho. Aunque habrá que seguir intentando mejorarla…







