ANA CURRA

Sala RocKitchen. Madrid, 8 mayo 2011

Caminos que se cruzan y que acaban unidos

Era una fiesta para recordar el mítico Agapo, legendario bar de Malasaña por cuyo escenario pasaron infinidad de bandas en los últimos años 80 y los primeros 90, y ahí fue donde tuve la oportunidad de ver por primera vez a Ana Curra tocar en directo.
Desde mis tiempos en la Escolanía del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, su pueblo, siempre había tenido una especial admiración, y hasta fascinación, por esa chica con una belleza y un estilo muy personales y especiales, que por entonces había pasado de las coloridas melodías de Los Pegamoides a los oscuros himnos de Parálisis Permanente, para luego acabar alejándose de los escenarios durante mucho tiempo. Quién le iba a decir a aquel crío de diez o doce años que casi tres décadas después estaría haciéndole fotos tocando en directo.

Ese día además tuve oportunidad de saludarla y charlar con ella un momento después de su concierto, y a partir de entonces volvimos a encontrarnos muchas veces, en conciertos suyos o de otra gente, exposiciones y otros eventos. Con el tiempo, acabé yendo a verla tocar hasta en Berlín – y luego, durante la pandemia, hice un videoclip con imágenes de ese concierto. Desde entonces la he acompañado en bastantes ocasiones, incluso a tocar fuera de Madrid, echando una mano en lo que he podido, disfrutando mucho, y a veces sufriendo un poco (es lo que tiene la vida en la carretera), pero siempre aprendiendo con ella, con su banda y con la gente que les rodea.

Y hace unos días, quince años después de aquel primer encuentro, Ana me dice que va a inaugurar un ciclo de conciertos en el auditorio del Museo Reina Sofía, dedicados a toda esa subcultura nacida a partir de 1975, por fin presente de forma permanente en un gran museo, con la exposición que han instalado en la cuarta planta del edificio Sabatini. Y quién me iba a decir que, en una especie de cierre de ciclo, o de vuelta de tuerca, iba a estar haciéndole fotos una vez más, en una ocasión tan especial, y además mientras en la pantalla se proyectaban algunas de esas fotos que le he hecho durante estos lustros, presentes en ese fondo visual para Unidos que monté también hace unos años y que desde entonces siempre les acompaña en directo. Entre ellas, esta imagen de aquella primera vez que hoy recupero para agradecer a la vida que nuestros caminos se cruzaran, y celebrando que hayan ido discurriendo todo este tiempo en paralelo. Un placer y un privilegio que espero que se prolongue por muchos años.

Unidos para toda la vida.

Agradecido siempre por todo, querida Ana.

ANA CURRA, Museo Reina Sofia, 14 octubre 2026

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